viernes, 7 de junio de 2013

El origen animal del tabú del incesto

El gorila albino 'Copito de nieve' en el zoo de Barcelona. | AFP

En los próximos días, serán revelados los resultados del análisis del genoma de Copito de Nieve. Los investigadores ya han adelantado que sus padres eran familiares con un grado de consanguinidad del 12 %. Creen que sólo existen tres posibilidades: que fuera un abuelo con su nieta, un tío con su sobrina o dos medio hermanos.
El incesto es un tabú humano que la antropología ha tratado de dar explicación desde hace décadas. Uno de los argumentos utilizados tradicionalmente ha sido el cultural, es decir, aprendemos a no desear a los familiares porque el sistema moral de la sociedad a la que pertenecemos así lo prohíbe.
Según este punto de vista, la interiorización de la norma se produce por medio de un aprendizaje y socialización en los primeros años de vida. De no existir dicha educación, el apareamiento con familiares sería algo común. Esta visión daría explicación a algunas anomalías y perversiones que están en mente de todos. Gracias a la observación de la conducta animal sabemos que este enfoque no es justo con la realidad.
En otras especies de animales también se produce el mismo fenómeno de evitación. Los primates, por ejemplo, tampoco practican el incesto. Los familiares de primer orden (hermanos y padres) casi nunca se aparean entre sí. Esta constatación obliga a pensar en un origen biológico de dicha negación, muy anterior a las prácticas culturales de los primeros hombres.
El cruce con seres cercanos (inbreeding), tanto en plantas como en animales, reduce las posibilidades de supervivencia de los organismos porque desciende su fecundidad y la de su descendencia. Esto es porque se alcanzan mayores niveles de homocigotismo y consaguinidad. Se produce una pobreza genética en la descendencia que puede traer complicaciones en forma de enfermedades congénitas.

Descenso de deseo sexual en el matrimonio

Por lo tanto, la selección natural favoreció a los individuos que desarrollaron la evitación del incesto. ¿Pero cuáles son los mecanismos que lo han hecho posible? En especies como los chimpancés o los monos araña, las hembras deben abandonar sus grupos natales cuando alcanzan la madurez sexual y buscar otro nuevo. En los capuchinos o los macacos es el contrario, son los machos los que deben dejar el grupo.
En las sociedades preindustriales existían diversas normas al respecto. Entre los Nayar (India), los hombres están obligados a emigrar y buscar mujer fuera grupo natal. Al contrario, entre los Trobiand (Pacífico sur) son los hombres los que se quedaban y las mujeres debían abandonarlo.
Este patrón de dispersión geográfica basada en el sexo, que aleja a todos los familiares del sexo opuesto, es una estrategia muy eficaz para evitar que individuos emparentados se apareen. En humanos, la obligación de abandonar y buscar matrimonio fuera del grupo también ha podido cumplir la misma función en origen, aunque como desarrolló Levi-Strauss en su Teoría del Intercambio Generalizado, también se trata de un método para establecer alianzas con otros linajes.
El segundo mecanismo consiste en desarrollar rechazo y anular el deseo sexual hacia aquellos con quienes convivimos. Esto es frecuente entre las personas. Incluso algún científico ha sugerido que este es el origen del descenso del deseo sexual en los matrimonios de larga duración.

El paso de la naturaleza a la cultura

A pesar del origen biológico, también es cierto que los humanos hemos construido una serie de reglas que la refuerzan o la hacen irrelevante, haciendo del tabú un asunto más complejo. Además, dependiendo del contexto o la cultura, estas reglas sobre el matrimonio con familiares pueden ser más o menos flexibles, principalmente en lo que se refiere al grado de parentesco hasta el que se hace extensiva la prohibición.
Por ejemplo, en la mayoría de las sociedades preindustriales, el matrimonio entre primos ha sido frecuente. En nuestra sociedad, también han sucedido este tipo de matrimonios, aunque hay que pedir autorización al Vaticano.
Por lo tanto, dada la existencia de este patrón en otros animales, podemos llegar a la conclusión de que evitar el incesto, al menos su forma más elemental, es una característica biológica para adaptarnos mejor al entorno, que los humanos compartimos con otros animales. Esta conducta fue favorecida por selección natural para generar diversidad en el intercambio, algo muy beneficioso para el desarrollo y adaptación de las especies.
Para Levi-Strauss, la evitación del incesto constituía el tránsito fundamental gracias al cual se consuma el paso de la naturaleza a la cultura. Los primates, una vez más, nos dejan claro que, en su forma más básica, se trata de una característica innata que surgió hace millones de años, mucho antes de que culturas y religiones de todo el mundo la convirtieran en tabú cultural y lo recogieran en sus códigos morales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario